Última actualización: 11.05.21

 

Para los amantes de la historia y de la naturaleza, la ruta valenciana de los Molinos de Alborache, que transcurre pegada al río Buñol, es una de las mejores del Levante. Salpicada de antiguos azudes, cascadas, senderos y viejos muros de piedra seca, es uno de los recorridos más bonitos de toda España.

 

La ruta de los Molinos de Alborache permite a los amantes de las largas caminatas atravesar la naturaleza, siguiendo el recorrido del río Buñol a través de charcas, meandros y bosques de ribera. Se trata de uno de los circuitos naturales más apreciados por los senderistas y montañeros valencianos. Además, al no tratarse de una ruta circular, es posible conectar con otros caminos y vías cercanas, para hacerla más larga.

Alborache es un municipio de la Comunidad Valenciana, situado en el interior de la provincia de Valencia, en la llamada Hoya de Buñol. El municipio está a unos 425 metros sobre el nivel del mar, rodeado de grandes bosques y por el río Buñol, que forma un manantial de aguas cristalinas, el Charco Azul, que al mismo tiempo sirve como punto de arranque para nuestra ruta. 

Uno de los principales atractivos de la ruta de Alborache, Valencia, son los antiguos edificios que nos podemos encontrar a lo largo de ella. Viejos molinos, convertidos en “fábricas de luz” y que finalmente se convirtieron en residencias, casas rurales o desaparecieron casi del todo, envueltos en la naturaleza.

Si quieres disfrutar de una impresionante ruta de senderismo en Valencia, coge tus botas de montaña, tu cámara de fotografiar y acompáñanos en este viaje.

La ruta de los Molinos

La Ruta de los Molinos tiene una longitud de 1700 metros aproximadamente. El recorrido es bastante amable, por lo que será adecuado para todo el mundo; niños, personas mayores y aquellos poco acostumbrados a largas caminatas. Además, cuenta con varias zonas en las que descansar, con mesas, bancos y papeleras, así como fuentes con agua potable repartidas por todo el recorrido.

Desde Alborache, la ruta de los Molinos tiene varios accesos: una en el parking de Molino Galán, otra que parte de la partida del Yesar o por el antiguo camino de Chiva. Sin embargo, lo más habitual es arrancar la ruta en el Charco Azul o el Molino de la Luz. 

El sendero discurre por un camino muy cuidado, que puede realizarse a pie o en bicicleta. En este sentido, no se trata de una ruta “de aventura”, por lo que el camino también es adecuado para carritos de bebé y se puede realizar sin mucha prisa. De hecho, lo más normal es que se tome como una ruta de paseo, para relajarse y disfrutar del paisaje, por lo que es normal que te cruces con gente del pueblo. 

Este sendero es especialmente atractivo en verano, ya que atraviesa varios tramos del bosque de ribera. En los meses de climas más cálidos, la frondosa vegetación, junto con el discurso de la corriente de agua del río Buñol, ofrecen un descanso del calor, ya que se crea un microclima fresco y agradable. Por otra parte, en otoño, la ruta se tiñe de dorado y rojo con un suelo alfombrado de hojas.

 

Los molinos de Alborache

El nombre de la ruta proviene de los numerosos edificios que se encuentran a lo largo de la ruta. Recordando que el pueblo desde siempre ha utilizado la fuerza de las aguas del río Buñol. En este sentido, existe documentación de que hubieron hasta 11 molinos, siete de ellos junto al río Buñol, tres que funcionaban con canalizaciones de agua y uno, más alejado, que estaba en el barranco de San Jaime.

Entre estos molinos, había algunos dedicados a la fabricación de harina, otros al papel, e incluso alguno de ellos se dedicaba a la elaboración del chocolate. De los molinos documentados no todos siguen en pie y algunos se han reconvertido en viviendas y casas rurales. Otros, en cambio, se han derrumbado y de ellos queda poco más que algunas paredes.

De los que aún quedan en pie, a lo largo de la ruta encontraremos cuatro que fueron convertidos en molinos papeleros. Esto se debe a que, a mediados del siglo XIX, Alborache y los pueblos de alrededor desarrollaron una fuerte industria papelera. Además, en algunos de ellos encontrarás placas informativas en las que podrás aprender más sobre la antigua vida de los molinos y de su influencia en la gente del lugar.

Sin embargo, los molinos no son el único atractivo de esta ruta. A lo largo del sendero encontrarás azudes, canalizaciones, compuertas y todo tipo de construcciones integradas en el curso del río, que han servido desde la antigüedad para aprovechar la fuerza de impulso proveniente del agua.

El recorrido de la ruta

De entre todos los puntos de accesos a la ruta, el mejor es el del Charco Azul. Si arrancamos desde este manantial, atravesaremos un pequeño bosque de chopos, siempre siguiendo la corriente del río Buñol. 

El sendero es llano y está bien señalizado, con barandillas de madera y escalones para superar aquellas partes del camino más difíciles. 

La ruta de los Molinos en sí es bastante corta, sin embargo, se puede hacer más larga, si se combina con alguna de las rutas cercanas. En este sentido, puedes visitar otros parajes naturales como la Cueva de las Palomas, el río Chico de Buñol, la Cueva de Turche o la fuente de la Mezquita. Todos estos lugares cercanos aparecen bien señalizados, por lo que no tendrás problemas para encontrarlos.

 

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